alexa ¿Porque empiezo a leer a Carlos Fuentes?
Los años con Laura Díaz
¿Porque empiezo a leer a Carlos Fuentes?

Todo empieza con la noticia de la muerte del autor, Carlos Fuentes, el 15 de mayo de 2012; me di cuenta con un poco de vergüenza de que a pesar de haber nacido en México, nunca había leído un libro suyo.

Celia me dejó tres libros: Aura, Inquieta Compañía y Los años con Laura Díaz, y empecé a leerlos por ese orden, siempre hago lo mismo, dejo para el final el que más me gusta, pura intuición en este caso; ni siquiera leí antes el argumento de cada una para hacerme una idea. No me equivoqué: no puede dejar de leerlo hasta que lo terminé.

Según iba leyendo, me di cuenta de que muchos lugares donde se desarrolla la novela no me eran desconocidos; en alguno de ellos estuve de niña y otros pertenecían a los recuerdos de familiares que emigraron a México, era como si parte de mi vida fuera paralela a la de Laura Díaz.

Los primeros que fueron a México, mis abuelos y sus hermanas, desembarcaron en Veracurz, el lugar donde nació la protagonista de la novela. Los capítulos se suceden en periodos de tiempo que van entre dos y cinco años de la vida de Laura, que se relaciona con políticos, intelectuales, artistas, exiliados políticos, entre ellos españoles. Esto me recuerda a mis padres que hablaban de ellos como personas lejanas y admiradas, que aunque eran españoles como ellos, se fueron para allá con un equipaje muy valioso: su preparación, muchos de ellos eran médicos. Mi padre siempre lo decía “¡Qué forma tan distinta de emigrar!, lo que para unos era una desgracia, para otros era una suerte”.

Laura hace referencia a la relación que tuvo con Diego Rivera y Frida Kahlo. Y yo recuerdo que alguna vez le pregunté a mi madre si, estando allá en aquellos años, nunca oyó hablar de ellos; si alguna vez fue a la casa de Frida en Coyoacán. Ella decía que sí, que se hablaba de ellos sobre todo de Diego Rivera por los murales, pero para ellos era gente “rara” y bohemia.

Es curioso el efecto que puede causar en un lector que nada tiene que ver con la obra. Lo digo porque el capítulo XXI se titula 'Colonia Roma: 1957' y en ese año yo tenía ocho; vivía en el Callejón de los Héroes del 57 (¿será sólo una coincidencia?), y como Laura sentí el fuerte terremoto, desde luego no de la misma forma. Ella estaba en la azotea de la casa; yo, más bien en la cama, muerta de miedo y recuerdo cómo se movían la ropa colgada en las perchas del armario, las persianas de la ventana, la lámpara de mi habitación… Salí corriendo con mi madre y nos acercamos a la ventana del salón y preocupadas porque mi padre ya había salido a trabajar. Ahora pienso que no debía de ser la ventana el sitio más adecuado para vivir un terremoto, según dicen los entendidos.

Otro suceso que comparto con Laura es el que narra el autor en el capítulo titulado 'Tlatelolco en 1968'; se trata de la revuelta estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas a la que se sumaron amas de casa, profesores, artistas y en la que muere su nieto Santiago. Fue un suceso muy triste en el murió mucha gente y acallado en los medios de comunicación.

Para terminar, quiero señalar que no es mi deseo valorar la forma de escribir de este reconocidísimo autor. Lo único que sí puedo es recomendar la lectura de esta novela en la que se repasa la historia de México y de los países relacionados con la familia de Laura y con ella misma: Alemania, España… Además es interesante conocer el lenguaje que utiliza Carlos Fuentes, fiel reflejo de la lengua mexicana que yo sigo utilizando muchas veces sin darme cuenta y después de tantos años viviendo lejos de allá.