alexa Eva, amiga gallega trotamundos singular, que se siente o parece dragón cuando come picante, reedita “La mar Océana”
LA MAR OCEANA
¡Uy qué frío!

…¿Eva, Eva?… Ah, sí, mi amiga la trotamundos que llegó a sentirse dragón. Es simpática y de fiar. La conocí hace un par de años. Fue en viaje de esos en los que, de alguna manera, te sientes “obligado a confiar” porque pierdes de vista lo que resulta familiar; sin embargo sientes que es “casi sólo tuyo” el aire que respiras, el tiempo, el descanso, los sueños, el mar azul o verde, las montañas, los aromas.

LA MAR OCEANA
La que de amarillo se viste...

No recuerdo exactamente cuántos fuimos a ese inolvidable viaje en el que participaron profesionales de viajes españoles, colombianos, ecuatorianos y mexicanos. Grupo al que sientes “pertenecer” y no. Ellos tienen su propio lenguaje. Deletrean: alfa, bravo, golfo, néctar, sierra. Y para rematar cada uno habla su propio idioma el “español/castellano”, que pareciera ser universal, te das cuenta que es diferente y se escucha distinto el colombiano, ecuatoriano el español “ceceado” o el mexicano y, en lo más simple: “está muy padre”, “qué guay”, “es chévere”, “qué pelucón”. Expresiones que todo el tiempo tienes que interpretar.

Una tarde cualquiera nos encontramos en Cancún. Nos mirábamos unos a otros. Algunos cuchicheaban, otros veían de reojo; los más descarados veían de arriba abajo a los demás. Nos fuimos a cenar y ahí nos presentaron al guía del viaje, las indicaciones, los horarios.

LA MAR OCEANA
Incansable y dicharachera

Después de tres días se armaron los grupos y cada quien "jalaba" con quien hizo migas: dos españolas, dos colombianos y dos mexicanos. Compartimos el “pan y la sal”, las aventuras, el autobús. Nos veíamos todos los días y a toda hora, y ahí estaba Eva, que no tiene otra profesión que le guste más: viajera.

Todo el tiempo andábamos casi "arrejuntados" como “muéganos”, se podría decir que desayunar, comer y cenar era labor de equipo; además recorrer, comentar, tomar fotografías de los sitios y selfies juntos se hizo normal. Claro, no faltaba aquél o aquélla que se atravesaba cuando tomabas fotografía o se metía en tu conversación. Pero sólo hablaré de Eva; los demás pasan a segundo término, al menos en esta ocasión.

Cuando nos sentábamos a la mesa a Eva no le gustaba “probar”, todo aquello que le parecía extraño; antes preguntaba qué era. Arrugaba la nariz y buscaba lo conocido. No se acostumbró al picante, pero intentaba hacerlo, y siempre preguntaba “¿esto pica mucho?” No sé qué respuesta esperaba, y menos cuando le preguntaba a alguien acostumbrado a mucho picante: “pica poco”, y luego de probarlo parecía escupir fuego como dragón, se le subía el rubor a las mejillas y empezaba a soltar extrañas palabrejas”. Luego dejó de preguntar. Ya no confiaba. Todavía me reclama.

LA MAR OCEANA
Su pasión además de viajar con historias en "La Mar Océana"

Dice que es gallega, pero me parece que es ciudadana del mundo, y lo digo aunque sea frase trillada. Muy joven se fue a vivir a Estados Unidos. A su regreso estudió periodismo en Madrid, pero se decepcionó de la carrera. A Polonia se fue de voluntaria. A República Dominicana también. En un pequeño pueblo de allí dio clases no sé de qué. Vancouver fue otra ciudad donde vivió. Ahí trabajó en una tienda, en el casino y en agencia de viajes. Le falta poco para conocer el mundo: Filipinas, Alemania, África, Australia, Eslovenia, China, Estambul, Cuba, Italia México y más, están en su memoria y en sus historias.

Nos volvimos a encontrar este año, 2020, en Madrid. Ahí supe que Eva –nombre que me recuerda a la Eva de la Biblia, "madre de los vivientes"— tuvo, tiene y ahora retoma, “La mar Océana”, diario que cuenta historias de viajes y, dice ella, no es “nada técnico” (no sé a qué se refiere). Lo empezó en 2013, lo publicó en 2014 y en 2017 lo dejó.

LA MAR OCÉANA
Piensa mal y acertaras

Ahora, durante el confinamiento en Madrid, Eva empezó a escribir su diario. Lleva más 60 días contando cuentos en Facebook; a veces, nos hace reír, otras llorar y reír al mismo tiempo. Sus “seguidores”, o tal vez debo decir “club de fans”, no nos perdemos sus relatos.

Hemos estado en contacto por “juatsap” --los españoles todo lo castellanizan-- desde finales de abril y hoy, al final de mayo, Eva ha recuperado sus historias de viaje en “La mar Océana”, donde dice: “Mi experiencia pura y dura. Es muy yo”.

Podría decir que es algo supersticiosa. Por aquello de la maleta y la Noche Vieja. Le fascinan el mar y las caídas de agua, donde muchas veces a estado a punto de ahogarse. Se le han congelado las pestañas, otras cosas “y también las ideas” con los fríos extremos. No me acuerdo en dónde se rompió los pies. En Egipto un virus, al que llamó “Tutancamón”, hizo estragos en ella, pues se apropió de su cuerpo.

Eva, cuyo signo del horóscopo es Tauro, es “estuche de monerías”, cocina de todo y los brownies y las croquetas gigantes le quedan de rechupete (sabrosísimas). Trabaja (hoy desde casa), cuenta y escribe historias; toma fotografías y ha reemprendido La Mar Océana para seguir contándonos historias… Las esperamos.

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