alexa Incierto, el futuro del turismo, no obstante el optimismo de los “gurús”
VIAJAR
Quizá tengamos que volver a empezar

Siempre he sabido por referencias y experiencia propia, que viajar transforma y cambia nuestra visión de la vida. Conocemos, disfrutamos y aprendemos distintas culturas y diferentes formas de vida. Incluso en nuestro país.

A veces viajar se hace por curiosidad, por afición o simplemente “por no hacer nada” y disfrutar en una playa bronceando nuestras pieles o recorriendo a pie pequeñas o grandes ciudades, y termina por volverse vicio que se sacia turisteando de aquí pa’llá y acullá, o de allá pa’cá. Arraiga la costumbre de ver abajo durante horas las aguas de los siete mares, o surcarlas.

En este año 20 del siglo XXI nos llegó la pandemia, y a algunos la tendencia a querer saber --sin poder conseguirlo--, ¿qué pasará con el turismo?, ¿cómo viajaremos?, ¿cómo nos transformaremos?, ¿cuánto cambiarán las formas?

En realidad nadie sabe respuestas, pero han surgido mil y una plataformas en las que los “gurús del turismo”, es decir los que dicen poder despejar todas las dudas fácilmente, como si el futuro del turismo mexicano fuera ecuación de primer grado; pero es impredecible lo que pasará.

Desde hace más de un sexenio el turismo representó entre 8.0 y 8.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y así se mantuvo hasta 2018, año en que dejó de ser vital. No se ve interés por invertirle aunque podría ser el más importante generador de divisas. Está rezagado, olvidado y será muy difícil hacer que recupere los niveles que tuvo hasta finales del sexenio pasado.

Lo único “casi seguro” es que tardaremos en volver a viajar. La economía será, en primer lugar, la que marque los tiempos para hacerlo. Luego dependerá de perder el miedo al contagio de Covid-19, y finalmente lo haremos tomando todas las precauciones posibles; pero nada será igual, ni parecido.

¿A dónde iremos?, ¿qué estaremos buscando?, ¿dejaremos nuestra tendencia a transformar nuestra visión?, ¿volveremos a viajar por ocio?, ¿será suficiente con aplicar el “sello de desinfección” en destinos, hoteles, navieras, restaurantes, aerolíneas, para dar confianza a los viajeros? Me gustaría ser bruja –estoy segura que lo fui en otra vida-- para suprimir por encanto todo lo que nos impida viajar como antes.

A muchos inquieta no saber qué va a pasar, pero nos inyecta adrenalina que produce fascinantes sensaciones. Tal vez tengamos que volver a empezar.