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Va más allá de mochila, zapatos y cuadernos nuevos. Cinco consejos para preparar mentalmente a los niños y jóvenes para la escuela

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El regreso a clases más allá de cuadernos y lápices

Cuando los más jóvenes de casa inician un nuevo ciclo escolar representa más que una etapa, una pequeña fracción de su formación, de su vida y de su construcción como adultos. Como padres siempre nos preocupamos porque cuenten con todo lo esencial para iniciar su aprendizaje; compramos zapatos nuevos, uniformes, cuadernos, libros, y demás elementos materiales que pueden ayudarlos en el colegio, pero ¿Qué tanto los preparamos mentalmente y estimulamos su entusiasmo por ir a la escuela?.

Las nuevas generaciones nacieron en una era tecnológica que ha modificado los parámetros del modus vivendi y las relaciones personales. Ahora el Internet es una extensión del trabajo, amistad, familia y escuela que ha repercutido negativamente en la dinámica de comunicación entre padres e hijos.

Como padres de familia siempre responsabilizamos gran parte del éxito de la enseñanza al trabajo que desempeñan los profesores, a su habilidad para aplicar las mejores técnicas de pedagogía, de su ingenio para hacer que la materia sea atractiva, de su esfuerzo para buscar los materiales más adecuados, útiles y prácticos, y sobre todo, de su capacidad para motivar a sus alumnos. Pero, ¿el desempeño del maestro es suficiente para un buen aprovechamiento académico?

Según el modelo pedagógico constructivista, el sujeto que aprende debe ser el constructor, el creador, el productor de su propio aprendizaje y no un mero reproductor del conocimiento de otros. No hay aprendizaje amplio, profundo y duradero sin la participación activa del que aprende. Quiere decir entonces, que aunque el maestro haga muy buen trabajo, si el alumno no asume la responsabilidad de su propio aprendizaje, solamente estará estudiando para pasar exámenes pero no estará construyendo ningún aprendizaje realmente significativo para su vida. La falta de aprendizaje significativo se refleja en nuestros resultados académicos

En la prueba PISA realizada en 2012, los países latinoamericanos calificaron dentro del 25 por ciento de más bajo rendimiento entre los 65 países participantes. En México, el 41 por ciento de los profesionistas menores de 30 años está desempleado, mientras que nueve de cada 10 profesionistas no son contratados debido a que carecen de las competencias básicas, como la comunicación oral y escrita.

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¿Cuánto del bajo rendimiento es
responsabilidad directa del alumno?

Es evidente que el sistema educativo de muchos de nuestros países no está preparando a nuestros estudiantes como debería. Sin embargo, ¿cuánto de ese bajo rendimiento es responsabilidad directa del alumno? ¿Cabría la posibilidad de que ese bajo aprovechamiento se elevara si el alumno tuviera ganas de aprender?

La actitud es lo que mostramos al exterior cuando tenemos una fuerte motivación interna que nos impulsa a lograr nuestras metas. Cuando un joven no está seguro de su propio potencial y no tiene un plan de vida, reflejará una actitud de inseguridad y apatía que le impedirá aprender independientemente de lo bueno que sea su maestro.

En cambio, cuando un alumno tiene una buena actitud, no necesita que nadie lo obligue porque ha asumido la responsabilidad de su propio aprendizaje y no espera pasivamente a que se le dé todo en la mano. Desde su interior surgen la iniciativa y el entusiasmo que lo llevan a investigar, a preguntar, a querer saber más y a aprovechar todos los recursos a su alcance y a producir los que le faltan.

Fernando Rosales Collignon experto en el desarrollo de la actitud y fundador de SEA afirma que “desarrollar la actitud de los alumnos es prioritario, sin embargo no es responsabilidad únicamente de las instituciones educativas, también gran peso recae en los padres y su forma de comunicación con sus hijos, estas son algunas recomendaciones que pueden ser retomadas para estimular la buena actitud de los pequeños”

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Como pdadres debemos apoyar su plan de vida

Apoyar su plan de vida: mostrar siempre interés en sus metas e inspiraciones por muy desfachatadas que suenen, si su sueño es ser astronauta apoyarlo e involucrarlo en temas que tengan que ver con ello (por ejemplo astronomía, física cuántica, ingeniería aerodinámica, etcétera).

Que estudien por gusto y no por miedo: el no reprender violentamente malas notas o conductas es una alternativa muy eficaz; lo mejor es hablarlo y darle la confianza para que exprese los motivos de su falla.

Nunca imponer gustos propios: por ejemplo, si como padre me gusta el idioma francés jamás imponer su enseñanza a los hijos, mejor preguntar y conocer sus propios gustos, darles la libertad de elegir la disciplina, carrera, idioma o materia que más les guste.

Mantener mente y cuerpo en equilibrio: es importante nunca descuidar las obligaciones escolares, pero es necesario también complementarlo con actividades físicas que exploten sus habilidades y que realmente sirvan como un “relax” para ellos y no una obligación más, para que realmente funcione de este modo ellos deben ser libres de elegir dicha actividad.

No prohibir amistades: el prohibir amistades nace de una experiencia negativa que confiadamente el niño o adolescente cuenta a sus padres, el reaccionar radicalmente y prohibir de inmediato lo único que provocará es una deficiencia en la comunicación, confianza e incluso miedo entre padres e hijos. Lo óptimo es estar siempre pendiente de sus amigos, involucrarse hasta cierto punto y conocerlos activamente, para saber qué precauciones tomar ante malas y buenas influencias.

Por más esfuerzo que realice el maestro, si los alumnos no tienen la actitud correcta, no solamente no aprovecharán los valiosos recursos que tienen a su alcance, sino que muy probablemente no experimentarán plenitud en el área profesional, emocional y social.

Con una buena actitud podrán concebir un proyecto de vida y luego adquirir todos los recursos necesarios para construirlo, sin depender pasivamente de lo que les enseñen o no.