alexa Sabor a tradición en Tlaxcala

Visita sus haciendas, fúndete en el verde de las montañas y el azul del cielo, aprende más de sus tradiciones y no dejes de comer

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Capilla de la Hacienda Tenexac

Dos de las principales razones por las cuales se visita Tlaxcala son su gastronomía y las haciendas. Actualmente, en el estado existen 120 haciendas pulqueras y 43 ganaderas. Muchas de ellas son además hoteles boutique donde puedes hospedarte en pequeños chalets o en sus antiguas, pero remodeladas y acondicionadas, habitaciones. Estar rodeado de la tranquilidad y belleza de la naturaleza no tiene igual.

Siguiendo con el recorrido de fin de semana, si permaneces en el Hotel City Express de Apizaco, como te recomendamos, lo mejor es que aproveches el desayuno y salgas temprano, pues será un día de caminar y comer mucho. Aproximadamente, a menos de una hora de camino, en el municipio de Terrenate, se localiza la Hacienda Tenexac. Erigida a finales del siglo 17 y principios del 18, lleva 150 años en las manos de la familia Bretón; su ahora quinta generación, Llano Bretón.

Antes hacienda pulquera y ganadera, es de las más grandes de Tlaxcala. Tuvo una restauración importante y se decretó como zona ecológica. Tiene un lienzo charro que, como comenta su actual dueña Paz Llanos Bretón, se utilizaba para “amansar” a los animales. Desde hace 60 años se dedican a la crianza de toros de lidia. La entidad se caracteriza por su fidelidad a la fiesta brava y fue donde inició la charrería, resultado del intercambio cultural con los españoles que llegaron a partir de la conquista.

La casona o el edificio principal de la propiedad se convirtió en una especie de museo. Sus habitaciones, conectadas entre sí como el gran marco que rodea el patio central adornado con una fuente, conservan objetos originales de épocas antiguas. Camas de latón, retratos y fotografías, cortinas, roperos, alfombras, escritorios, tocadores. El olor a viejo y la apariencia intacta de todos los elementos invita a la imaginación a cuestionarse quién los usó y dibujar cómo era su vida ahí.

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Jóvenes becerristas simulan una faena

El terreno de la hacienda pareciera interminable, dominado por un vivo verde que, a cada paso, resalta bajo unas florecillas amarillas casi a ras del suelo. A lo lejos se observa un lago resplandeciente. Vacas y patos comen o reposan echados bajo el sol. La quietud y el aire limpio llenan de paz la mente, de pureza los pulmones y de dicha el corazón.

Una vieja capilla vigila desde lo alto el territorio. Los chalets, esas pequeñas casitas de ensueño, se esparcen en los alrededores con sus llamativas ventanas rojas, puertas de madera y techos bajos de teja. En la conservada tienda de raya a modo de exhibición, repleta de utensilios en un gran mueble de madera de pared a pared, se realizan talleres y catas. Y las tardes adquieren un sabor a chocolate en el colorido comedor.

Luego de la calma viene la tradición, historia y energía del Pueblo Mágico de Huamantla. Sus edificios coloniales llenos de color y calles de adoquín te invitan a caminar o a pasear en su tranvía y descubrir. Fragmentos de su haber están en sus iglesias, como la Parroquia de San Luis Obispo de Toulouse, que data del año 1641. Su construcción se completó a lo largo de distintas épocas, por lo que resulta un híbrido arquitectónico por fuera y ornamental por dentro. Su retablo de hoja de oro es impresionante.

No puedes decir que fuiste a Huamantla si no probaste las delicias de la Casa del Muégano. Con de 120 años de legendaria trayectoria y cuatro generaciones, los once hermanos Martínez trabajan en esta especie de polvorones, completamente diferentes de los que conocemos en la capital del país, pero de un dulce sabor adictivo que se deshace en la boca. En un horno de leña se da vida a la mezcla de harina, manteca de cerdo, sal, agua y anís.

Para quienes quieran conocer el proceso, la Casa del Muégano abre sus puertas con mucha hospitalidad y entusiasmo. De este gran equipo de reposteros tradicionales, Alfredo se encarga de integrar, moldear y cortar la masa; Armando lleva la fila de futuros muéganos al horno y Olga le imprime magia a cada uno con una cubierta de caramelo espolvoreados con canela y los coloca sobre obleas. Querrás llevarte cuantos paquetes quepan en tu mochila.

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Mixiote de longaniza con nopales en Hacienda Xochuca

Otro motivo que le ha otorgado popularidad a este pueblo mágico es su afición a los toros. Niños y jóvenes huamantlecos sueñan con convertirse en aclamados toreros, como Diego Torres y Joaquín Juárez, quienes con apenas 14 años ya son becerristas de la escuela taurina. Ellos defienden su tradición y se sienten orgullosos de ésta. Conforme progresen en formación, más adelante serán novilleros para, por último, portar el título de “matadores”.

Los guías de recorrido en el pueblo explican que las faenas son todo un espectáculo y que la raza de toros utilizada es violenta por naturaleza, aseguran que la adrenalina del instante hace que no sientan dolor. Incluso existe un Museo Taurino que, entre fotos, atuendos, trofeos, cabezas disecadas de toros y maquetas de plazas, relata los orígenes y periodos de dicha práctica que, aunque no convenza a muchos, tiene un lugar arraigado en nuestra cultura.

Los olores, la caminata y los muéganos abren el apetito, por lo que la abundante comida de la hacienda pulquera de Xochuca, en la carretera Apan Hidalgo, viaja al estómago con singular velocidad y regocijo. Sopa campesina, mixiotes de pollo o longaniza con nopales, arroz, tortillas recién salidas del comal, agua de sabor, pulque natural y curados al por mayor… ¿Más? Para la cereza del pastel de esta comilona está el postre de requesón con miel de agave y un cóctel de pulque.

La Hacienda Xochuca, rodeada de montañas, es otra de las más trascendentes de Tlaxcala por su producción de pulque. Tanto, que su presencia alcanza tierras chilangas (¿dónde? ¡díganme, por dios!). Si alguna vez en la CDMX has merodeado por la colonia Portales, debiste toparte con La Paloma Azul. Pero eso no es todo, en la Escandón está La Pirata. Ambas se abastecen del glorioso pulque de esta hacienda. De regreso a la ciudad desearás darte la vuelta.

¿Qué hacer al terminar de comer como nunca? Regresar al hotel a descansar y reponer energías, hacer digestión, dormir. Al día siguiente te esperan más aventuras, más pulque y más comida. ¿Ves cómo te faltará tiempo para vivir Tlaxcala? ¡Anda y ve!

Galería

Alfredo Martínez prepara masa de muéganos.jpg Altar de la Parroquia de San Luis Obispo.JPG Armando Martínez, hornero.JPG Atuendo de torero.jpg Chalet.jpg Comedor.jpg Cortando la masa en pequeños trozos.jpg Cóctel de pulque de piñón.jpg De un trompo miniatura a uno enorme en madera.jpg El Tlaxcomóvil hecho de madera.jpg Endulzando los muéganos.jpg Fachada de Hacienda Xochuca.jpg Fotos y busto de toro.jpg Frenos, bridas y sillas de caballo.jpg Fuente con motivo de toro.jpg Fuente del patio central.jpg Guillermo Ramírez, propietario Hacienda Xochuca.JPG Maqueta de plaza de toros en el Museo Taurino.jpg Martín Hernández, director de turismo de Huamantla.JPG Mercado de Huamantla.jpg Muéganos recién hechos.jpg Olga Martínez cubre de caramelo los muéganos.JPG Paisaje de Tenexac.jpg Palacio Municipal de Humantla.jpg Parroquia de San Luis Obispo de Toulouse.jpg Patio central de Hacienda tENEXAC.jpg Puertas a las habitaciones-museo de Tenexac.jpg Recuerdo de un gran torero.jpg Recuerdos de antiguas épocas.JPG Requesón con miel de agave.jpg Sopa campesina.jpg Tallado y grabado de madera en Xochuca.jpg Tienda de raya.jpg Toros de lidia.JPG Vacas calman su sed.jpg Vista de Hacienda Xochuca.jpg