alexa A medio camino entre fuego y cenizas, Bowie

Conoce la cocina de humo del chef Rodrigo Carrasco en su nuevo establecimiento en la colonia Roma

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Short rib con puré y verduras

El ahumado no es para todos, es la realidad, y menos al pensar en el típico salmón o jamón que en la boca se siente como si le hubieran fumado encima por horas. Sin embargo, la buena comida más el toque justo de la -cocina de humo- del restaurante Bowie evita que esas sensaciones se repitan en la cabeza cuando al probar sus platillos. Ahora su propuesta culinaria llega a su reciente segunda sucursal en la Roma.

El chef Rodrigo Carrasco utiliza al humo como un ingrediente más en su cocina, en adición a su propiedad en cuanto a método de cocción, técnica tipo parrillada que retoma de los Países Bajos en Europa. Podría decirse que es una especie de condimento que le da a los alimentos un sabor entre terroso y mineral en un toque equilibrado, sin opacar el platillo.

Tal estilo rústico de cocina pone a la nariz a trabajar con sus olores peculiares, a la lengua en un interesante recorrido de texturas y a los ojos con las inusuales presentaciones en cofres o gruesas tablas de madera o pequeñas cúpulas de vidrio para contener el humo y convertirse en un mini espectáculo visual-olfativo una vez abiertos.

Un buen comienzo es el aguachile de hongos, aguacate y cebolla ahumada. Acidito y jugoso. Cada trozo de hongos trae consigo ese humo que se desprende ligeramente a cada bocado. O bien, un delicioso carpaccio de betabel pasado por mezquite, alioli, almendras, queso de cabra y limón Eureka de humeante sutileza.

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Arte en representación de David Bowie

Para continuar, su short rib en cocción lenta de 24 horas con puré de papa y calabaza y verduras a la parrilla es celestial, se derrite en la boca. Otra opción es el lechón con cebollas moradas, casi cual carnitas, pero en bien. El pulpo torero con chorizo, chicharrón, aguacate y limón es una combinación atrevida, crujiente y sabrosa. O el marlín con chile guajillo, saladito y aceitoso.

Cabe destacar que, aunque el ahumado está presente en todas las preparaciones, no en todos los platillos es un sabor tan evidente o predominante. Y no debería serlo necesariamente, de lo contrario opacaría a los demás ingredientes y el comensal tendría al final un resabio a ceniza, que no es la intención. En lugar de ello, la lengua puede localizar elementos del platillo que resaltan en particular por el sabor a humo.

Los postres son el epítome del dulce, sin olvidarse del distintivo toque de humo: crème brûlée de mamey, s’mores de galleta, plátano, bombones de coco y chocolate, y marquis de chocolate. Lo mejor es que lo compartas con alguien más, pues es mucho dulce para una sola persona, tanto en intensidad como en tamaño de porción.

La coctelería es sorprendentemente buena y refrescante, aun con ese sabor ahumado cual hookah de sabores. Prueba el gin con frambuesa y canela, de sabor dulzón; o con albahaca, pepino y limón Eureka, de tono más amargo. La barra sirve varias opciones más de bebidas como mezcal, tequila, whiskey, vino, entre otros.

Bowie, que retoma el nombre del fallecido músico británico, cuenta con una previa sucursal en San Ángel. Con su segundo establecimiento inaugurado hace unos días en Córdoba 113 en la Roma, llega a uno de los puntos culinarios de más popularidad en la ciudad. Dale una oportunidad y vive la experiencia de la cocina de humo.

Galería

Aguachile de hongos.jpg Barra de bebidas.jpg Carpaccio de betabel.jpg Chef Rodrigo Carrasco.jpg Cocina de humo.jpg Cocteles.jpg Creme brulee de mamey.jpg Iluminación de Bowie.jpg Interior del restaurante.jpg Lechón con cebolla verde y verduras.jpg Marlin con chile guajillo.jpg Marquis de chocolate.jpg Pulpo torero.jpg Smores.jpg