alexa En Montpellier, una de las ciudades más atractivas de Francia, coexisten la historia antigua y la modernidad, sin mezclarse
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La fuente de las Tres Gracias

Montpellier, Francia.- Seguramente no imaginas viajar en invierno a ningún sitio y mucho menos si la temperatura no es favorable. Sin embargo, en invierno visité esta ciudad del sur francés y quedé fascinada. Es pequeña, resaltan construcciones antiguas que te llevan al pasado y de repente tropiezas con la apabullante modernidad.

La aventura comenzó desde que nos subimos en Madrid a un vagón de Rail Europe que nos trajo en cinco horas 40 minutos a la renovada estación Montpellier Saint Roch, en el centro de esta ciudad mediterránea. Lo primero que ves al salir de ella son coloridos tranvías que recorren distintos puntos de la ciudad y parece que te dan la bienvenida. Aquí es habitual moverse a pie, en bicicleta y en tranvía.

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La belleza de sus rincones

Las dos primeras líneas de tranvías que aportan toque ecológico a la urbe fueron diseñadas por Garouste y Bonetti. En la línea 1 las golondrinas anuncian la primavera, símbolo de la renovación del transporte; en la 2, flores coloridas reflejan la belleza del verano en el paisaje mediterráneo. En las dos líneas siguientes los vehículos fueran diseñados por Christian Lacroix, icono del mundo de la moda y habitante del sur. Pulpos, peces, estrellas de mar y monstruos marinos son los elementos con que vistió a la Línea 3. En la 4, un tranvía envuelto en color oro circula en el Grand Coeur de Montpellier, adornado con antiguos dibujos arquitectónicos que reflejan el sol de Languedoc e incitan al viaje.

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Es ciudad medieval

A decir de Patrick Roper, director de Gares&Connexions, empresa que administra las estaciones ferroviarias en Francia, la estación Montpellier Saint Roch es "más abierta, luminosa, accesible y práctica" que como fue construida en 1844. Quienes conocieron la original dicen que había perdido funcionalidad. La actual es más amplia, pues ocupa cuatro mil 600 metros cuadrados, de los cuales más de mil son de espacios comerciales, el doble de los de la antigua.

Se prevé que reciba 365 trenes diarios en 2020. Tiene la característica de que conserva buena temperatura en invierno y es fresca en verano, luz suave filtrada a través de tupida vegetación y tiene varias fuentes de agua relajantes.

A pesar del clima adverso para quienes no estamos acostumbrados al frío, Montpellier se convirtió desde el primer momento en cálida y acogedora ciudad en la que todos sonríen, y sus habitantes buscan la forma de ayudarte si se te ocurre preguntar algo en español y no te entienden. La mayoría también habla inglés y no falta quien te sorprenda hablando español.

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Abundan jóvenes estudiantes, pues es ciudad universitaria

En Montepellier abundan jóvenes estudiantes, pues es ciudad universitaria, vibrante, y te recibe como si fueras uno más de sus habitantes. Es mediterránea y capital de la antigua región francesa del Languedoc-Rousillon (hoy Occitania), es milenaria, cultural y se vive intensamente en sus calles. No hay frío que detenga el ir y venir de las personas, muchas de cualquier lugar del mundo que conviven y comparten con los habitantes.  

Llegamos a Montpellier gracias al apoyo de Atout France en México y recorrimos sus calles caminando todo el día de un lugar a otro, observando palacios del siglo XVII, XVIII y XIX, muestras de Street Art (arte de la calle) en calles y callejones.

Tropezamos con callejuelas medievales donde encuentras artesanías o boutiques de firmas importantes. Tienes que ver La Place de la Comédie, donde abundan los cafés y terrazas, siempre llena de gente. Se la conoce como “el huevo” por su forma ovalada. Cuenta la leyenda que desde su creación es lugar donde sus habitantes se dedican a la conquista amorosa. 

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Hay jardines por doquier

Aquí está el emblema de Montpellier: la fuente de Las Tres Gracias, hijas de Zeus (Aglae, Eufrosina y Thalie), del escultor Étienne dʼAntoine. Data de 1773 y dicen suministraba agua en caso de incendio. Las tres gracias personifican belleza, alegría y abundancia, respectivamente.

Montpellier tiene muchos rostros. Se enorgullece de ser ciudad medieval, atmósfera que no se pierde ni se confunde con lo moderno. La Torre Babote inspiró al inventor del paracaídas Louis-Sebastien Lenormand, quien en 1783 probó su invento arrojándose desde lo alto. Ahí está la Sociedad de Astronomía de Montpellier.

El Museo Fabre, del que dicen es uno de los museos más hermosos de bellas artes en Europa, mezcla su estructura antigua y moderna. Alberga obras del Renacimiento a nuestros días con obras de Delacroix, David, Rubens o Veronese, y esculturas de Maillol.

Por donde quiera que voltees hay algo que admirar en Montpellier. Por ejemplo la facultad de medicina, la más antigua del mundo y una de las de más tradición de

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La famosa Torre Babote

Francia. Se significa también porque ahí estudió Nostradamus. Hoy, el antiguo Colegio Real de Medicina acoge La Panacée, centro de cultura contemporánea donde se imparten varias disciplinas del arte.

Después de caminar por varias calles descansamos en pequeño café, con calefacción que nos permitió desprendernos del abrigo, la bufanda, el suéter, los guantes... Ya con el cuerpo “calientito” reanudamos la marcha. La Oficina de Turismo en Montpellier nos dio mapa y audífonos para seguir el camino y admirar las bellezas de la ciudad.

La Plaza Saint Roch, la catedral gótica de Saint Pierre del siglo XIV -la iglesia más grande de toda la región, con pórtico dedicado a la virgen y el gigantesco órgano realizado en pan de oro-, y la calle Fochque que te lleva al Arco del Triunfo construido a finales del siglo XVII para sustituir la puerta de la muralla, son lugares que no te puedes perder.

El orgulloso pasado medieval de Montpellier se conserva en óptimas condiciones en numerosas calles y callejones, como Valfère, Bras de Fer, L’Argenterie, entre otras, que te sumergen en el pasado. Allí encontrarás anticuarios, salones de té, galerías…

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La belleza de los tranvias

El Montpellier moderno se halla en los barrios nuevos: Antigone, Port Marianne y Odysseum. Antigone data de los ochenta y une el casco antiguo con el río Lez, que desemboca en el Mediterráneo en menos de ocho kilómetros.

La zona la planificó el arquitecto catalán Ricardo Bofill como homenaje al urbanismo de la antigüedad. Las calles Odysseum y Port Marianne destacan por dos proyectos: la tienda de muebles y accesorios RBC Design Center, de Jean Nouvel, y el edificio del ayuntamiento también diseñado por Nouvel y el arquitecto local François Fontès.

No dejes de hacer una parada gastronómica en los perfumados mercados o en pequeños restaurantes que ofrecen ingredientes básicos: aceite de oliva, ajo, albahaca, frutas y legumbres, quesos de leche de cabra y oveja, miel, aceitunas y hierbas como tomillo, romero y laurel.

El vino es protagonista en la región, pues Montpellier es el mayor productor de vinos de mesa del país y tiene la mayor superficie con viñedos de Europa, algunos de los cuales se sitúan entre los más antiguos del mundo, remontándose al s.VIII ac, cuando llegaron los griegos a la zona. 

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El Arco del Triunfo

Tendrás que probar los vinos languedociano y la denominación Gres. Hay muchos platillos tradicionales de la ciudad: cassoulet, guiso de alubias con pato, chorizo y piel de cerdo; macaronade, pasta y brageoles, salsa de carne de res con tomate; giardianne de taurearu, carne de res y vino tinto, y boles de picolat, albóndigas adobadas de carne de ternera y cerdo. Prueba el clapassade --platillo elegido como símbolo de la ciudad--, estofado de cordero con salsa de regaliz y miel. Hay muchos otros con frutos del mar, postres a base de chocolate y albaricoque y panes con frutos secos y queso.

Montpellier es ciudad de tesoros patrimoniales y contemporáneos, de origen medieval que te seduce; sin embargo, es metrópoli moderna y joven. Es la mayor de la región de Languedoc-Rousillon, y la octava más poblada de Francia.

El nuevo Ayuntamiento, entre el casco antiguo y los nuevos barrios de la ciudad, es proyecto urbano del siglo XXI, concebido como edificio emblemático de ciudad portuaria. Enfrente está la plaza pública de seis mil metros cuadrados, que alberga los mercados más representativos de la ciudad.  

Sin duda alguna, Montpellier es de esas urbes que se deben visitar alguna vez en la vida. Es una de las 50 visitas imprescindibles en el mundo. Hay que descubrirla perdiéndote en ella, y cualquier rincón puede ser simplemente maravilloso.

Galería
Al tranvía tienes que subirte aunque no sepas a dónde te lleva.jpg Bella y cálidad ciudad.jpg Cada rincón de la ciudad tiene su propiio encanto.jpg Cada tranvía una obra de arte.jpg Callejones que te dejan ver la majestuosidad de la ciudad.jpg Destacan los árboles entre las construcciones.jpg Detalle.jpg El gran órgano Lépine, restaurado por Kern.jpg En la plaza de peyrou la estatua de Louis XIV.jpg En verdad los tranvías son fascinantes.jpg Encuentras de todo, incluso vinos de la región.jpg Estatua de Assas, Antoine y los unicornios.jpg Fachada de la Facultad de Medicina.jpg Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.jpg Iglesia de Saint Roch.jpg Interior de la Catedral de Montpellier.jpg La Catedral de Montepelloer es hermosa por dónde se vea.jpg Los aromas del mercado.jpg Montpellier tiene muchios rostros.jpg Oficina de Turismo en Montpelier.jpg Otra vista de la Catedral de San Pedro.jpg Otra vista del Arco del Triunfo.jpg Palacio de Justicia.jpg Place de la Comédie.jpg Por donde sea hay algo que admirar.jpg Puedes optar por recorrer la cudad en bicicleta.jpg Qué importante es conocer el mercado de la ciudad.jpg También en la Place de la Comédie,jpg Una cafecito para entrar en calor y seguir el camnio.jpg Una de las calles de Montpellier.jpg Universidad de Montpellier data de 1220.jpg Vista de la Catedral.jpg Vsitas realmente encantadoras.jpg Ángulo distinto de la Universidas más antiguat.jpg